La idea de este blog es llevar una bitácora de este año que nos sigue.
En Octubre nos vamos a casar y, según nos cuentan las experiencias de otros, el último año de soltería trae consigo un sinfín de experiencias -buenas y no tanto- que nos imaginamos vale la pena dejar por escrito.
Historias de amor ficcionales abundan. Miles de páginas han sido escritas entre romeos y melibeas, millones de fotoramas han sido proyectados en formatos de drama y de comedia; pero como nos imaginamos que la vida real tiene de todo eso y mucho más es que queremos ir dejando nuestro tesmonio.
Si les sirve o entretiene otros bien: ésta es nuestra historia... y se va ir escribiendo día a día.
Hoy nos cambiamos de casa. Yo me vine al departamento hace 12 meses, vivimos juntos un tiempo aquí antes de casarnos, y aquí planificamos, hicimos listas y listas de invitados, de aquí salimos a y llegamos de nuestra luna de miel y otras muchas cosas en poco tiempo.
Pero, se nos presentó una oportunidad única y pudimos aprovecharla. Esta mañana fue la última en que el rico sol oriental nos hizo la mañana calurosa, esta noche ya dormimos en nuestra nueva casa. Sí, una casa. 3 dormitorios, 3 baños, cocina, living-comedor, un pequeño patio, una salita y una oficina. ¡Es increíble!
Yo no quiero un amor
civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.
Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.
Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.
Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.
Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.
No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas volvamos a empezar;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.
Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.
Comentarios recientes